Monumentos naturales bubis: los menhires Vadá’oma e Itèbötyo

Por Francisco Bubi el 24 octubre, 2016 en Cultura
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Nunca sabremos toda la historia de los menhires que se encuentran en nuestra isla, Bioko, la tierra bubi ancestral. Podremos suponer, imaginar, considerar, etc., pero no llegaremos a conocer la absoluta verdad sobre la construcción de estos monumentos naturales que han sobrevivido al tiempo.

Los menhires de la isla de Bioko pertenecen a épocas antiguas, quizá más allá del siglo III después de Cristo. Pertenecen a la emigración de los baëla y parece que son antiguos lugares de culto o restos de panteones que fueron erigidos para honrar a altos dignatarios bubis de dicho momento histórico.

Hoy les voy a hablar de dos menhires destacados y con nombre. El primero se encuentra en las playas del poblado de Ureka (al sur de la isla de Bioko) y se llama Vadá’oma (el guardián de la isla), y el segundo encuentra en los bosques del poblado de Rebola (al norte de la isla de Bioko) y se llama Itèbötyö.

1.- El menhir Vadá’oma (Ureka).

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Vadá’oma no es el único gigante (menhir) del poblado de Ureka, ya que existe una veintena de ellos esparcidos en el lugar y de unos tres menos de altura, más o menos. Pero sí es el más alto (unos treinta metros) y el más imponente y majestuoso. Hoy día es objeto estudio tanto por parte de los arqueólogos como de los antropólogos, siendo de interés turístico para quienes visitan la hoy accesible zona de Ureka, aunque en el pasado fue lugar de culto a los antepasados.

Vadá’oma no es un gigante-ogro como el del cuento de Mòná Vitómbári (Batete), ni como el del cuento de Bölokityöwáálo (Baney). Recuerda el pasado heroico bubi, el de las migraciones y de los grandes hombres y de las grandes mujeres que construyeron estos monumentos para dejar constancia de su paso por este espacio bubi.

2.- El menhir Itèbötyö (Rebola)

Itèbötyö, o la persona de piedra, se encuentra en los parajes del poblado de Rebola, a muy escasos kilómetros de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. Mide unos tres metros y en su día se erigía entre los cacaoteros, actuando como protector de los mismos cuando dichos árboles daban muchas piñas de cacao, tal como puede verse en la imagen:

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Al abandonar el cultivo masivo del cacao por falta de apoyo gubernamental a los agricultores bubis de la isla de Bioko, sobre todo por la no concesión de créditos para garantizar el suministro de insumos, Itèbötyö también se vio afectado. La erosión de la tierra donde en su día fue plantado el primer rebolano, provocó casi su caída. Pero afortunadamente, por la relación de Itèbötyö con los árboles de cacao, dos de éstos se prestaron a apuntalarle, tal como podemos observar en las imágenes:

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La Casa de Cultura de Rebola, en su primera etapa (2009-2015), y siendo director de la misma Don Benjamín Choni Lola (Böachëbitá), organizó sendas excursiones turísticas para enseñar a niños, a jóvenes y a adultos del poblado, este histórico monumento megalítico.

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Ante el estado de Itèbötyö, y para evitar que se desplomara, los antiguos miembros de la dirección de esta Casa de Cultura de Rebola, buscadores impenitentes de sus huellas culturales, decidieron llevar a cabo el trabajo de recolocación de Itèbötyö. Fue el miércoles día 12 de octubre de 2016. Esta tarea heroica ha sido realizada por hombres y mujeres de Rebola, defensores todos ellos de su monumento histórico, para que siga siendo testigo de todos los rebolanos y de todos los bubis. Debemos recordar que antes de realizar estas labores de recolocación, nuestros emprendedores realizaron los ritos tradicionales pertinentes por respeto a nuestra tradición.

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Los bubis creen que sus menhires, o monumentos de piedra, no fueron construidos por los hombres sino más bien por los espíritus o dioses del pasado. Pero lo que sí sabemos -y hemos sido testigos de ello-, es que son hombres y mujeres bubis de hoy, de Rebola, quienes han tomado la iniciativa de recolocar a su Itèbötyö, su rebolano imperecedero, para que siga existiendo entre ellos, entre todos los bubis. Son los héroes bubis conocidos hoy, con nombres y apellidos, y desconocidos mañana, anónimos, quienes han vuelto a garantizar la existencia de este histórico monumento. Con su iniciativa contribuyen a reconstruir nuestros elementos identitarios, a enseñarnos a proteger aquello que nos pertenece y nos identifica como bubis, sin necesidad de esperar la ayuda de gobiernos o instituciones. Gracias a todos ellos Itèbötyö vuelve a estar erguido, imponente y majestuoso. Vuelve a sonreír y esperar a sus hijos, los bubis y aquellos que quieran conocerle.

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Hay mucho por descubrir todavía en la isla de Bioko, la isla de los bubis. Contribuyamos todos a encontrar los monumentos históricos de nuestro pasado, proeza de nuestros antepasados, sean reales o imaginarios.

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