Los Reyes Bubis: el Rey Ësáasi Ewera

Por Francisco Bubi el 29 junio, 2017 en Personalidades
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Ö RIHÁTTÁ O LA CASA REAL DE LOS REYES BUBIS DESTRONADOS

BREVE HISTORIA DEL REY BUBI ËSÁASI EWEERA

 

Elò elò mala.

Elò elò elò mala.

Elò elò elò elò mala…

 

Máátyila míkë míkë

Da bòná, da biidè, da bidèoola.

A bidèoola bèm, bá tó’óri

Ëo é’a hétyídé ö mobambá muá bahítáari na barímò.

 

Ëlòo dè’a hótèerá lá’úńdú lá’úńdu,

A maté má kiéraasi má nyáama á rí bòtyòo

Á bá béá’ë rihú rábò.

 

Ö mooba bín,

Ö muaáto mué’è siri,

Ë mësotyi në mëlömalöma më bètásé mbulá

Ëtómbátómbá böla nö tökólá…….[1] 

 

 

 

Ësáasi Eweera era Rey de Moka (actual Riabba) y de toda la Isla de los Bubis. Vivía en el desaparecido poblado de Maiye. Ësáasi Eweera (Sás-Ebuera) sucedió a Möókáta (Moka) en el trono, impidiendo así que reinara el sucesor inmediato Malabo Löpèlo Mëlaka, siendo este último recibido y tratado con ternura por Ësáasi Eweera.

Malabo Löpèlo Mëlaka era secretario de Ësáasi Eweera, sucediendo a éste tras su muerte y al término de los ritos funerarios determinados por los más viejos conocedores de las tradiciones bubis.

En su juventud, y siendo todavía lugarteniente y jefe militar del ejército (löhúa) del Rey Möókáta, Ësáasi Eweera bajó a Riabba porque sus emisarios y guardias le dijeron que habían divisado un barco en dicha bahía.

Ësáasi Eweera era entonces un mozo fuerte, valiente y decidido, ante quien no cabían debilidades humanas. Su intransigencia le convirtió en un hombre temido por aquellos que le conocieron. Para él lo único que importaba era todo lo relacionado con los Bubis, ya fuesen balókètó (los del Sur, para entendernos) o batösimba (los del Norte, los que llevaban trenzas).

Ësássi Eweera llegó con sus combatientes a la bahía de Riabba y se escondieron todos en el bosque a la orilla del mar. Unos quince tripulantes del barco de los grandes telares bajaron hasta las arenas de la orilla para buscar víveres y agua. Lo que más había eran cocos, mangos, animales sueltos y abundante agua dulce.

Los marineros, todos blancos, empezaron a avituallarse y en ese momento Ësáasi Eweera pensó que se trataba de los blancos que capturaban a los Bubis para llevarles atados como cabras al barco. Ësáasi Eweera, sin pensarlo dos veces, emitió el estridente grito de guerra de ¡óóóriílöaaaaaa!, al tiempo que sus guerreros, entre quienes se encontraban Vilobbè y Öribi, respondían ¡mëtyika háta’e! (que vuelen las lanzas). Entonces, los quince blancos de la tripulación fueron rodeados, atacados y tumbados sin darles tiempo a reaccionar. Fueron atados y colocados boca arriba sobre la arena blanca de la playa de Riabba. Sus cuellos fueron cortados y sus cabezas colocadas delante de los pies de cada degollado. Y Ësáasi Eweera, obligando a sus hombres bajo juramento de sangre a no contar nada de lo sucedido, regresó a las tierras altas donde residía el anciano Rey Möókáta.

Los demás tripulantes blancos del barco anclado, viendo que sus compañeros tardaban en regresar, cogieron unos botes y, armados, se dirigieron a la orilla. Al llegar y ver dicha imagen, no pudieron contener su ira. Pero no había nadie con quién luchar. Sólo les quedó enterrar a sus compañeros y partir.

Durante el reinado del Rey Ësáasi Eweera los poblados bubis, por influencias extranjeras, vivieron momentos de gran incomprensión. Ante esto el nuevo Rey reaccionó y dirigió su furia hacia los pobladores venidos de allende los mares, todo ello para evitar la proliferación de los jefes de poblado que no aceptaban la autoridad militar y religiosa del Rey de las altas tierras, el Rey de los Bubis.

Esta incomprensión había sido fomentada directamente por los colonizadores, quienes aprovechaban esta confusión para adueñarse de  las tierras cultivables de la Isla de los Bubis, tierras que producían grandes ñames, malangas, aceite de palma, cocos, etc., que eran comercializados con los mercaderes venidos de las costas africanas de Calabar, Ashanti, etc.

El joven Ësáasi Eweera se valió de grupos de guerreros dirigidos por sus fieles colaboradores para crear un Pueblo Bubi fuerte y unido. Estos colaboradores, en su lucha contra el intruso colonizador y todo aquello que suponía desestabilizar política, religiosa, cultural y socioeconómicamente al Pueblo Bubi, se enfrentaban a sus propios hermanos Bubis conversos.

En este sentido, uno de los guerreros afines al Rey Ësáasi Eweera era el temible Vilobbè, hombre despiadado e inclemente tanto ante los colonizadores como ante los Bubis que se atrevían a abrazar las costumbres de los hombres blancos. Decían estos últimos que el temible Vilobbè se aprovechaba de la gente porque estaba bien respaldado por su condición de miembro de la familia real.

Vilobbè iba por los poblados vecinos y no vecinos, acompañado siempre por un gran séquito. Éste tenía como misión no solamente la de intimidar a la población reacia a cumplir las órdenes que dictaban las autoridades de las tierras altas, sino de requisar y apropiarse de los bienes de los coterráneos que mostraran cierta simpatía hacia el blanco capturador de los Bubis que eran atados como cabras. Entre estos bienes citaremos las gallinas, las cabras, los ñames, el aceite de palma y todo lo que encontraban a su paso, y que fuese propiedad de los habitantes de los poblados, todo ello para el obligado reconocimiento de la única autoridad civil y militar del Rey Ësáasi Eweera.

Un día, Vilobbè llegó al desaparecido poblado de Ködáari. Se dirigió con su séquito a la casa de Roòbi, su compañero de armas, con la intención de quitarle sus propiedades ya que había manifestado cierta simpatía hacia los hombres blancos, y por haberse ido de la lengua, rompiendo así el sacro juramento. Roòbi no estaba conforme, por lo que tuvo que enfrentarse a las huestes de Vilobbè.

Ante esta situación, Vilobbè disparó un tiro al aire con su escopeta, con la intención de asustar a Roòbi. Sin embargo para éste la acción de Vilobbè no le intimidó sino más bien sirvió para enfurecerle más y reaccionar. Ante esto, Roòbi también disparó un tiro al aire, y bajó corriendo al poblado de Öolövë, donde vivían los misioneros católicos, acusando a Vilobbè de intento de asesinato en su propia casa.

Ante esta acusación, los misioneros reaccionaron dando conocimiento de ello a las autoridades coloniales españolas. Éstas llevaban tiempo queriendo apresar al rey de los Bubis por lo que hizo en las arenas blancas de la playa de Riabba (Concepción). Las autoridades militares coloniales españolas no dudaron en mandar un batallón de ciento veinte guardias coloniales para capturar a Vilobbè y a su jefe directo, el rey Ësáasi Eweera.

Cuando llegaron los ciento veinte guardias coloniales al poblado de Ködáari, les dijeron que Vilobbè había subido a Moka, donde vivía con su rey. Pero debido a unas fuertes lluvias, los ciento veinte guardias coloniales tuvieron que aplazar la captura para el día siguiente.

La noticia llegó a oídos del rey Ësáasi Eweera y éste preparó a su ejército para enfrentarse a los guardias coloniales capitaneados por el sargento Silo, un negro oriundo del oeste africano y convertido al catolicismo. La lucha fue sangrienta. La masacre de los Bubis fue terrible, ya que mientras éstos luchaban con lanzas, flechas y piedras, los guardias coloniales disparaban con sus mosquetones. Desesperado, el rey luchó y luchó. Al final fue rodeado con el resto de sus hombres, atado con ellos sin distinción y llevados presos.

Y así condujeron al debilitado y joven rey Ësáasi Eweera, triste y desesperado por no haber podido defenderse hasta la muerte; y a su hombre fuerte, el temible Vilobbè, desde el actual asentamiento de Moka-Bioko hasta Santa Isabel (actual Malabo), pasando por Riabba por vía marítima.

A la vista de lo que ocurría, el rey Bioko habló con Malabo Löpèlo Mëlaka, que era secretario del rey Ësáasi Eweera, con el fin de unir sus fuerzas y luchar contra los guardias coloniales en defensa de sus hermanos Bubis. Pero Malabo manifestó su disconformidad, y bajo juramento de escopeta y agua, se negó a prestar al rey Bioko la ayuda que éste necesitaba para defender a sus hermanos Ësáasi Eweera y Vilobbè.

Así pudieron ver cumplidos sus sueños los explotadores coloniales de ver capturado a su verdugo y rey Ësáasi Eweera, detenido y llevado a Riabba por las autoridades coloniales, desde donde con lancha y por vía marítima y bien atado, fue conducido hasta las mazmorras construidas al efecto, en compañía del resto de sus hombres y de sus esposas, las cuáles fueron maltratadas y violadas bárbaramente por los guardias coloniales y en presencia de su común esposo y rey Ësáasi Eweera.

Desde que fue capturado y humillado, el rey Ësáasi Eweera se declaró en huelga de hambre, negándose a probar bocado. Tras sufrir maltratos de todas las clases por parte de los militares en la cárcel de Blaebich y ante sus esposas, el rey Ësáasi Eweera, enfermo, hambriento y debilitado, fue llevado al hospital de Santa Isabel, donde murió en presencia de todas sus esposas.

Por orden de las autoridades coloniales, el rey Ësáasi Eweera fue enterrado por los presos de Blaebich en el antiguo cementerio municipal de Santa Isabel que en aquel momento estaba ubicado en el lugar donde ahora se encuentran los locales del Radio Televisión Guinea Ecuatorial, delante del antiguo colegio nacional Generalísimo Franco, a escasos metros del río Cónsul o Watafol.

Para los colonizadores, el rey Ësáasi Eweera murió recibiendo el sacramento del bautismo. Fue bautizado con el nombre de Pablo Sas-Ebuera. Para los Bubis, el rey Ësáasi Eweera fue asesinado por los colonizadores y su cuerpo fue trasladado a las tierras altas del actual asentamiento de Moka-Bioko, donde se le dio sepultura en posición sentado, tal como rezan las tradicionales costumbres cuando se entierra a un rey.

Las esposas de Ësáasi Eweera fueron enviadas por lancha a Riabba, desde donde regresaron a pie a Moka, dando fe de la triste noticia. Esto sucedió a principios del siglo veinte, concretamente en 1904.

 

Relato narrado por D. Buenaventura-Mobajale Dyevola-Lele

(J. Bolekia Boleká: Poesía en lengua bubi. Antología y estudio.

Madrid: Sial Ediciones, 2007).

 

[1] Versos compuestos por Justo Bolekia Boleká, con la colaboración de D. Mario Mulé Ribala. En Justo Bolekia Boleká (Poesía en lengua bubi. Antología y estudio. Madrid: Sial Ediciones, 2007).

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